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Calaix de sastre arran la meva vida quotidiana a Ciutat de Mallorca

La necesidad de un centroderecha sano en este país

maiorica | 21 Març, 2007 21:52

Hace muy poco leí en un diario una declaraciones del actual ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo. Aparte de su contenido sobre la actualidad del día, añadía una perspectiva que se ha trabajado muy poco hasta ahora. Algo que parecía cada vez más evidente (a mis ojos), pero que nadie había estudiado en serio ni manifestado abiertamente: la psicología patológica de los principales dirigentes actuales del Partido Popular,

"[...] lo que ha ocurrido con el núcleo duro de dirigentes del pasado que perdieron las elecciones el 14 de marzo de 2004 y que no han aceptado la derrota. Y que no se resignan a tenerse que ir. Si hubiesen sido dirigentes responsables que uno presume en ellos de cara a su partido, se hubieran ido... Se pierden unas elecciones como se perdieron y lo lógico es que se marcharan [...]"

Un enfoque que no es nuevo: la perspectiva psicológica del político ante la derrota, asimismo agigantada cuando ésta ha sido inesperada. Independientemente de que la formule un juez que ahora es ministro, me juego un euro a que muchos psicólogos habrán hecho sus análisis de la particular evolución de los principales dirigentes del Partido Popular desde que perdieron las elecciones contra todo pronóstico. Podría escribirse todo un tratado, hasta una tesis.

Tampoco es algo tan inaudito: encaja bastante con el mal que sufren muchos políticos cuando ejercen el poder. Suele hablarse de la pérdida de contacto con la realidad, de un cambio de personalidad, todo debido a las responsabilidades y las críticas constantes (acrecentadas cuando el cambio de carácter se va produciendo). El caso más paradigmático sería el de Felipe González, cuyos últimos años fueron de extrema soledad en el poder, volviéndose huraño, inflexible ante la crítica, e incapaz de atajar el marasmo de corrupción que le rodeaba. También Adolfo Suárez sufrió algo parecido, aunque supo dimitir a cauda de la tensión y el agotamiento sufridos.

Pero lo que sucede ahora con los dirigentes del Partido Popular en Madrid supone una vuelta de tuerca más,

"[...] el problema es que se quedan para transmitir su frustración al partido. Tenemos un gran partido, el Partido Popular, que tiene capacidad para gobernar este país y que lo hará en algún momento, espero yo que muy tarde, pero ese partido está ahora mismo dirigido por un grupo de frustrados, de gente que ha sufrido una enorme frustración. Esta descripción no tiene un átomo de sentido peyorativo o acritud. Se pierden unas elecciones [...] hay un grupo de personas que se derrumban, se caen, y que no son capaces de superar el trauma de frustración. No sólo eso: se lo transmiten a la estructura del partido y la convierten en su estrategia. Y se lanzan por un camino enloquecido, en una escalada de confusión, de crispación, animando un ataque brutal contra las instituciones. Aquí está el problema [...]"

Un síndrome perfectamente explicable: una durísima conmoción ante una pérdida del poder que nadie vaticinaba. Y ante esto reaccionan con una alocada huida hacia delante, pese a quien pese, caiga quien caiga. Progresivamente se va adueñando de ellos la rabia, el sentimiento de injusticia, la resistencia a aceptar la realidad, la crítica furiosa al rival político que les ha arrebatado el poder de manera legal pero no legítima. Reclaman justicia a su gestión, ante un resultado electoral injusto a todas luces que no merecían. Se niegan a morir y se agarran a lo que sea para subsistir.

Dos de estos elementos (Ángel Acebes y Eduardo Zaplana) destacaron por su visceralidad, y fueron arrinconando progresivamente con su ímpetu verbal al resto de miembros de la cúpula dirigente. El resto quedaban como derrotistas y titubeantes ante la firmeza de un discurso duro y enérgico para rehacerse (Rodrigo Rato, Mayor Oreja, Ruiz Gallardón, Celia Villalobos, Federico Trillo, Loyola de Palacio...) y se pliegan ante este discurso, confiando en tiempos mejores y buscando otros quehaceres. Pronto también Aznar se contagia de ese ambiente crecientemente enrarecido; se vuelve amargado, rencoroso y radical. No podía soportar que su legado se arruinase, cuando todo parecía controlado y destinado a perdurar.

Progresivamente, unas pocas manzanas podridas van pudriendo todo el cesto. Políticos de modélico equilibrio, como Jaime Mayor Oreja, empiezan a decir barbaridades. El mismo Rajoy se ve arrastrado a endurecer su discurso por ellos, a pesar de su carácter habitualmente calmoso. Inversamente, otros de verbo más caliente y menos importancia hasta el momento ganan relevancia (Ignacio Astarloa, Ana Pastor, María San Gil...). En resumen: tres o cuatro ciegos de ira y rencor han tomado el poder en un partido antes democrático, pudriéndolo, desnaturalizando su esencia ideológica, e imponiendo un discurso duro, destructivo y patológicamente vengativo en un partido que representa a diez millones de votantes.

Más o menos repiten lo que sucedió con Felipe González, que después de su derrota en 1996 tardó casi cuatro años en asimilar que debía dejar el mando en el PSOE, aunque su sucesión por Joaquín Almunia no renovó realmente el partido (de ahí el batacazo en las elecciones generales del 2000), y sí con Zapatero (en total, unos siete años de penuria). Algo parecido con Manuel Fraga y su sucesión por Aznar en 1989 (en este caso, sólo tres años; pero muy convulsos).

Como puede verse, el fenómeno no es nuevo y probablemente estas crisis de "identidad" o de "renovación" son cíclicas y se seguirán dando siempre, por mucho que la vieja guardia se resista. Lo peculiar de este caso es el desmesurado ruido que provocan, la dureza y el menosprecio usados como algo habitual, la agresividad verbal sin límites, el insulto, la oposición ante todo cueste lo que cueste, y la similar radicalidad de algunos medios de comunicación afines que proyectan su estrategia hasta la locura y el hastío.

Es el sino de los partidos jerarquizados: unos pocos pueden decidir el destino de un partido con varios millones de votantes, encumbrarlo o exprimirlo. En este caso, tres hombres (Aznar, Acebes y Zaplana) se resisten a la renovación. Aznar lo tomó, lo renovó y desarrolló, le dio sus tiempos de gloria con 8 años de gobierno, y como creador suyo parece que puede llegar a reventarlo (como Saturno que devora sus hijos: sin él, el diluvio).

Pero soy optimista. Tarde o temprano tendremos un partido de centroderecha renovado, constructivo y participativo, con caras nuevas e ideas ilusionantes. El actual PP no aguantará tanto tiempo a este ritmo asfixiante. Sus dirigentes actuales habrán de reconocer que no son imprescindibles, y dar paso a caras nuevas. Hasta ahora sólo veo a tres o cuatro personas intentando esconder su frustración personal, utilizando la maquinaria de todo un partido para escudarse. O se renuevan, o aparecerá otro partido que ocupe su espacio. O se romperá, o desaparecerá.

No saben perder, ni saben retirarse: son humanos. Aunque, ¿alguien ha sabido hacerlo alguna vez? sí, hubo alguien: Manuel Pimentel. Se marchó de la política por coherencia consigo mismo. Gente así le haría un gran favor a este partido. Y a la política.

Comentaris

  1. Seguimos diciendo tonterías

    El Partido Popular de Rajoy, Acebes y Zaplana es un partido que puede ganar tranquilamente unas elecciones. Es un partido serio, europeo y moderno. Que a algunos les interese decir lo contrario es comprensible, pero la verdad es bien otra. La prueba de ello es que cada vez está subiendo en las encuestas, mientras el PSOE va cayendo. De hecho, lo que no es normal es lo que está haciendo ZP con España. No es normal que provoque la ruptura y el desequilibrio territorial. No es normal que defienda a los terroristas e insulte a las víctimas. En fin. Un poco de seriedad.

    Cul de bòtil | 27/03/2007, 13:02
  2. Re: Seguimos diciendo tonterías

    Es otra visión, respetable y que estoy dispuesto a comprender.

    Hasta que he visto que "sigo diciendo tonterías", que "la verdad" es otra, y pidiendo seriedad.
    Ergo: digo tonterías, miento, y no soy serio escribiendo mis tesis.

    Así que buenas tardes.

    Manel | 27/03/2007, 18:12
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