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Calaix de sastre arran la meva vida quotidiana a Ciutat de Mallorca

Una parada en el camino

maiorica | 25 Juliol, 2007 23:35

Volcado en los escritos que den ideas nunca vistas, perdí el sentido auténtico de una bitácora como ejercicio de responsabilidad con uno mismo. Al ver la pantalla en blanco y sin ideas que propagar, pensé que en algún momento el motivo superó la ilusión. Careciendo de los ajetreos que la existencia nos lega en pleno estío y al son de la plácida noche al borde de una plaza de mercado que aún no ha visto pasar sus tenderos más madrugadores, el mundo gira más despacio y las ideas pueden esperar en el cajon de los sueños colectivos por destapar.

Y miro atrás. Veo objetivos cumplidos desde mi llegada a las islas, diviso posibilidades hasta hace un año ignotas o lejanas, suspiro por llenar huecos que ni el más sobrevalorado ego podría saciar en cada momento del día o de la noche. Los pasos del camino han dejado huellas que el viento suaviza en sus matices, meciéndolas en el recuerdo. Los amigos que atrás quedaron siguen sin desaparecer a pesar de la distancia, y el mundo que dejé rebrota ocasionalmente como un pasado más gris que brillante, pero testimonio de vida al fin y al cabo.

A veces pienso en Ella. Tanto da su nombre. Su evocación, como tantos Ying que subyacen en los suspiros de mi solitario lecho. Tengo más de lo que necesito y deseo mucho menos de lo que podría tener. Aún así la insatisfacción me consuela como una ambición para el mañana que viene, el mejor de  los mañanas, en vigilia, sin hora nona de sueño. Miro mi ratoncito en la jaula, me relaja ver su sencillo modo de vida lejos de una razón que civilizase sus movimientos. Yo soy su experimento científico, un humano enternecido ante una criatura sin ética.

Las almas duermen, los cuerpos levitan. En las alturas se ven menos estrellas de las que permite la limpieza atmosférica, el silencio es casi total. Oigo menos frenazos que de costumbre, hoy los tuneados rondan menos y marcen menos su nulo territorio. Consumo otra bocanada de aire, y suspiro. Cada jornada es incierta, cada día es un suspiro breve hasta espirar. Si no fuera porque lo pienso, diría que la vida corre como un decorado circular sin guión propio. 

Cada jornada es un funambulismo sin red, un Internet sin censura de riesgos. No me apetece arrepentirme de mis actos ni mis empresas, pues a la sazón deberé desdecirme para llegar a un empate técnico que en toda regla se da sin entrar en el laberinto que otrora recorría sin freno. Tal vez me matricule en la Universidad de la Vida, después de que cursé los créditos mínimos de manera excesivamente teórica. Las prácticas, sin tutor, darán al traste con cualquier intento de planificar un azar existencial sin más motivo que la razón.

Un día escribiré el libro de música clásica que lleva años esbozado en el cajón. Pero si no encuentro la idea perfecta que lo sustente, no me quedará otra salida que vivir el día a día. Y no quepo en mí de gozo al mirar por el balcon, y ver que mi aportación al mundo exterior se resume en definirme ante el espejo de mi historia. Solo y bien acompañado.   

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