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Calaix de sastre arran la meva vida quotidiana a Ciutat de Mallorca

Foguerones y agua

maiorica | 20 Gener, 2008 01:50

Cuál mejor manera de integrarse en las tradiciones autóctonas, que a través del estómago. Es la mejor política de integración de cualquier inmigrante, y no necesariamente por venir huyendo del hambre. Sin ser devoto de celebraciones allí donde he residido, he decidido andarme por la ciudad en busca del clima festivo de los foguerones y conciertos de Palma.

En el bar cercano a mi casa se celebraba un foguerón gratuito para todos los clientes habituales, no pude resistir la tentación y quedarme un buen rato a degustar las ricas viandas que allí dispusieron ante nuestros ojos: chuletas, choricitos, butifarrones... olor de humo y lágrimas de fogonero, una pieza tras otra fueron cayendo sin piedad. La colonia argentina allí presente mostró su maestría y sus raíces con la carne, en perfecta comunión con los autóctonos. El futbol sobraba, alguna ensaimada para los niños, familias enteras haciendo camping urbano.

Después, los conciertos de Plaza España. Obrint Pas, grupo reivindicativo valenciano, llenó la Plaza casi totalmente (¿qué pasaría luego con otros grupos más multitudinarios?, me pregunté), reinando un ambiente festivo y reivindicativo para todas las edades y familias.  No eran necesarios los empujones y el sorteo de obstáculos terrenales (basura) para desplazarse entre la muchedumbre. Iba solo, pero me sentía plenamente acompañado por el ambiente reinante.

Me desplacé luego a la Plaza Mayor. Centenares y centenares de personas subían y bajaban, ambiente tranquilo pero animado. Me saludé con la alcaldesa. No vi a nadie más conocido mío, lo cual es realmente rarísimo. Grupos de amigos y amigas, familias, niños, cochecitos, bebés, mayores, todos en las calles. No llegué a las glosas, pero sí al baile de boleros: el ambiente es dulcemente festivo. Me encanta esta manera de entender unas fiestas, sin estridencias ni borracheras, sin vómitos ni griterío desaforado. El folklore mallorquín no es de mis músicas favoritas, pero es soberanamente dulce al oído y agradable para escuchar o bailar, cálido, meloso. El ambiente es tan suave y amable, acaricia los oidos y acoge las emociones. Es cierto que el carácter isleño es diferente...

De vuelta a Plaza España, la Electric Light Orchestra ya había empezado su recital. Es imposible llegar a verlos de cerca: la gente se agolpa, no cabe un alfiler. El sonido es limpio, y los temas de siempre de la ELO suenan uno tras otro: un pop magistral, elegante, exquisito. Apenas queda uno de los integrantes originales, pero la maestría es incuestionable. No solo para cuarentones, carrozas y residentes ingleses: cualquier amante de la buena música habrá gozado con este recital. Empiezan a agolparse restos de comida y bebida en el suelo, el calzado se engancha en algunas zonas, y la alegría etílica se empieza a avistar en algunos grupos. Pero la muchedumbre nunca se convierte en griterío, y tampoco hay movimientos bruscos de masa humana. ¿Será que el carácter isleño es diferente...?

Los foguerones arden, los grupos amistosos o familiares invaden la plaza. La ELO desgrana temas magistrales, que no por sonar reiteradamente en emisoras comerciales pierden la frescura del directo. Éxito de público, pero no cabemos ¿no hay recintos mejores (Palma Arena, por amortizarlo...)? Voy solo, pero no me siento solo. Gozo del ambiente festivo. Miro las faces de la gente, respiran ocio y amabilidad. No los conozco, pero como si lo fueran: hay esencia colectiva. Saludo y charlo con un par de conocidas. Recorro Sant Miquel, Oms... fiesta contenida, alegría manifiesta. Rescoldos calientes para las últimas viandas. Bares llenos, pubs a reventar, riadas de gente. Algún petardo aislado, nada más. Ni un incidente, ni un conato de pelea o agresividad, tal vez es demasiado pronto, quizá el carácter isleño.

El clima es fresco, pero suavizado por una humedad adecuada. La noche es clara. Acabó triunfalmente el concierto de la ELO, y Muchachito inicia un concierto de ritmos latinos, de poco renombre pero elaborada calidad musical que poco recuerda a ritmos envasados y reciclados para triunfitos homogeneizados. El ritmo alegra la noche, y da paso a espíritus nocturnos y juveniles con ansias de trasnochar. Disfruto de cada célula de diversión, el entusiasmo no decae. Me encuentro con ella después de tanto tiempo, hablamos, cómo estás, hemos de vernos...

-Soy muy feliz, estoy enamorada desde diciembre

-...

El agua cae sobre los aún humeantes rescoldos de los foguerones que todavía luchan por mantener un halo de vida. El frío húmedo de la noche empieza a calar en mis huesos. Muchachito suena, a lo lejos, para una muchedumbre que sigue disfrutando de la velada. La misma gente se reordena ante mis ojos en parejas, unidos por manos, miradas o besos. Los restos de latas, platos y tubos de plástico son una molestia creciente. Hasta un casco de moto. Algunas viandas abandonadas aún conservan calor sobre foguerones agonizantes, abandonados a a su suerte. Aparece el sueño, soy joven, tal vez menos de espíritu. He visto bastante, he sentido mucho, las miradas hablan.

Me marcho, la vuelta se hace larga. El calor de la noche festiva palmesana aún se nota en el ambiente, los ecos de la fiesta en Plaza España todavía retumban en mis oídos y en las calles. Fui solo, y volví sintiendo soledad. A pesar del abrazo de la fiesta palmesana, a pesar del alma colectiva que siento mía. La fiesta sigue, sus ecos decaen, para mí cae el telón. Debe ser el carácter isleño.

Es la falta de cariño la que llena los bares. Añádanse los blogs, especialmente dedicados a la política.

Ratoncito blanco

Voy a darle de comer a mi ratoncito. Habrá otras fiestas.

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