Calaix de sastre arran la meva vida quotidiana a Ciutat de Mallorca
maiorica | 30 Juny, 2008 00:54
Y ganó España. El cielo es mas claro y luminoso, somos más felices y la vida pasa con un gris más brillante. Las dos Españas, la roja y la nacional, unidas por una misma selección, la Roja. Somos felices, nada cambia pero todo sigue igual.
Celebraciones que no se veían desde la atronadora explosión de júbilo con la investidura de Antich. Si antaño invocábamos a los dioses y las fuerzas de la naturaleza, para mejorar nuestras vidas, hoy nos esforzamos por olvidarla. Hoy, manifestarse sirve para afirmar nuestra españolidad aún a nuestro pesar (colectivo e individual) o por una patria a escoger.
Es nuestra selección, la de la roja zamarra y eufórica afición. Coches con claxon desmedido, banderas rojigualdas al viento con el toro en lugar del escudo constitucional (le preguntaremos a Bono si es legal, por si nos saca los tanques), que me evocan la atávica Sepharad (¿qué parte del toro serán las Baleares?), salves de "España, España" que sublimaban las antaño dedicadas a Argantonio, Viriato, Recaredo o Fernando VII. Y cantares de "yo soy español, español" con la tonadilla de "Kalinka".
Ni las concentraciones para mejoras laborales, de vivienda o contra la corrupción consiguieron tamaño seguimiento (si se produjeran). Muchos hijos frustrados de la LOGSE (puesto que ni la terminan) tomaron las calles reclamando la consideración que todo patriota merece por el hecho de proclamarlo.
Una noche larga y eufórica, en la que incluso parecía que España se rompía menos. Un consuelo para los mallorquines, reacios a manifestarse para no parecer radicales, y provocar la crisis del turismo que los colma de precariedad. Gracias a nuestra selección, cuyo triunfo facilitará a sus jugadores sufragar enseres de primera necesidad como ropa de diseño y coches deportivos. Por ellos pudimos salir a la calle sin pasar por mileuristas o incómodos radicales.
Hasta la próxima exaltación jubilosa, nos conformaremos con el habitual carpe diem sine qua non y el dolce far niente con acento de Carabanchello. ¿Y ahora? ¡a por el Mundial...!
Manel (Barcelona, 1973). Resideixo i sobrevisc a Palma. Moltes idees, pocs diners. No em caso amb ningú per conveniència. Si de cas per amor, a la veritat i la raó.
Viure és una ficció quotidiana que supero bastint la meva pròpia realitat. Si més no, per a mi és autèntic. Quatre dies en el teatre de la vida amb l'únic paper de protagonista que ens permeten exercir.
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A mi m'ha passat com a molts, que aquest equip em queia bé, joves, plens d'il.lusions i no ple de jugadors del R. Madrid. M'alegro que hagin guanyat els que han fet millor futbol però l'aficció, els toros, els que anaven de guàrdies civils... I què he de dir, hi ha paraules com certs "viva..." que no em surten de l'ànima. És una qüestió de sentiments, identitat, però me'n alegro per ells. Això sí, he disfrutat mil vegades més amb la victòria d'en Nadalet! ;D